Carta de Joaquín Sorolla a Clotilde. 14 de enero de 1919

Sorolla y Clotilde en 1919 (Museo Sorolla 80341)

Continuando con el I Centenario de la última visita de Sorolla a Jávea (1919-2019), en esta ocasión simplemente vamos a mostrar la extensa carta que Joaquín Sorolla le escribió a su esposa Clotilde el 14 de enero de 1919 desde Alicante. En ella, se detiene de manera más extensa a explicarle los pormenores de la excursión que hizo los días anteriores a Benidorm, Dénia, Jávea, Gata de Gorgos y Calpe. Dada la amplitud de la misma, tan sólo la vamos a mostrar, dejando unos comentarios a la misma para otra ocasión, aunque ya desarrollamos algunos de ellos en el artículo de La Marina Plaza al cual podéis acceder aquí.

La carta se encuentra en el Museo Sorolla  (CFS/1958) y dice los siguiente:

“14 enero 1919.

Mi querida Clota:

Acabo de enviarte un telefonema anunciándote mi regreso a Alicante. Fue una excursión muy bonita, echándote mucho de menos todo el tiempo. Salimos para Benidorm invitados por el Senador Dr. Orts, allí almorzamos, vimos el pueblo sobre el mar que es muy pintoresco y por la noche a las 7 tomamos el tren para Dénia donde cenamos, y a la mañana siguiente tomamos el tren a las 11 ½ y fuimos a Gata.

Benidorm en 1920 (Imagen: www.histobenidorm.blogspot.com)

En Dénia subimos al castillo y desde allí vi el colosal golfo de Valencia, una emoción única en su esplendor, Grecia… o lo bello que puede un mortal imaginar. Dénia no tiene nada más, es un pueblo que quiere despertar, pero muertas las viñas por la filoxera, todas estas comarcas están muy próximas a la miseria”.

Castillo de Dénia (hacia 1919) (Imagen: www.todocoleccion.net)

Llegamos a Gata que no tiene ninguna importancia, allí yo creí encontrar a Cruañes con su tartanita, pero como no estaba, alquilamos un ligero y buen cochecito y nos encaminamos a Jávea. Ya andado la mitad del camino vimos la tartanita del gran Cruañes, … yo no le reconocí, me pareció un señor viejísimo, costándome mucho esfuerzo dominar mi pena, qué lastima. Se afeitó como Simarro y parece un enfermo grave, delgado y deshecho. Lo primero que nos dice Julio, es que su casa está infectada de gripe y que en su casa no podemos dormir pues él no quiere cargar con responsabilidades, pero que comeríamos en su casa del campo. Allí nos encaminamos y mi sorpresa de verme donde tan buenos y malos ratos pasamos, me dejó triste y apenado… pasamos por la casa del crimen y recordamos el susto”.

Comimos bien pero a las 3 largas y yo tan desmayado que dolíame ya la cabeza. Repúseme con facilidad y paseé todos los lugares (algo cambiados), bajamos al puertecito, y allí me enteré de que el manco y su mujer habían muerto… para arrancar las pequeñas penas tomamos una barca grande y recorrimos el sitio en que yo pinté tan bonitas cosas contigo y con mi adorada Elena.

Rocas de Jávea y el bote blanco (1905) Joaquín Sorolla (Museo Carmen Thyssen Málaga CTB.2000.53) Refleja la Cala Tangó de Jávea en donde Sorolla dice: “yo pinté tan bonitas cosas contigo y con mi adorada Elena”. 

Como venía el cura párroco de Jávea y tenía miedo al mareo, no dimos la vuelta al hermoso cabo de San Antonio, pero como la excursión fue algo más larga que cuando pintábamos, encontré una hermosa cueva y allí entramos en la barca… ¡qué color, qué belleza! El mar estaba calmo y todos los amarillos y naranjas se reflejaban, parecía que viajamos sobre un mar de oro al rojo. Regresamos con el cura muy satisfecho, pero prometiendo formalmente que sería la última vez.

Cova Tallada, Jávea. Sorolla la conoció por primera vez en este viaje de 1919 (Imagen: www.valenciabonita.es)

La hermana Pura, de Julio, está viejísima y agotada, me preguntó por vosotros, encargándome sus saludos… fue un diluvio de preguntas.

Vimos el pueblo por la noche, visitamos la iglesia muy bien iluminada con luz eléctrica, recorrimos varias calles pues hacía una luna bonita.

Jávea (el pueblo) de noche es muy interesante, todo blanco y tan limpio que daba gusto. A las 8 ½ tomamos de nuevo la tartana de Julio y nos fuimos a Gata, donde cenamos y dormimos (yo mal) porque me dio por hacer pipí cada momento.

En Gata sólo hay dos posadas, y tomamos la de San Miguel… la cena fue buena y al amor de la lumbre, y por fondo los carros, con los ancianos durmiendo rollados con sus mantas, un cuadro muy pintoresco y un fondo de comedor más hermoso que el nuestro.

Posada de San Miguel en Gata de Gorgos. Hacia 1918 (Imagen: www.emilito.org)

Nada ocurrió digno de contarte, allí vino Bertomeu, el de Jávea y como Julio nos acompañó y cenó con nosotros y él tiene mucho ingenio, y la hija de la posadera es muy guapa, tuvo ideas donosas y la velada pasó pronto, acostándonos a las 12 ½.

Después de un desayuno regular, tomamos un coche con dos muy buenos caballos y carretera arriba y abajo, cruzamos estupendos caminos con montañas fantásticas, amenizadas con muchos y bonitos almendros en flor y por una carretera magnífica hicimos el viaje de este modo, si no, había que levantarse para tomar el tren a las 4 de la mañana.

De Gata a Calpe hay dos buenas horas de camino que pasamos muy bien y sin darnos cuenta contemplando las maravillosas sierras y los bonitos almendros, pasamos varios pueblos que tienen con el paisaje seco cierto aire toledano, pero con naranjos y geranios magníficos sobre sus blancos tapiales y los puntiagudos cipreses. Llegamos a Calpe… ya en las cercanías nos recibieron un enjambre de chiquillos con esas caras tan levantinas y tan libres de movimientos, y llegaban hasta mí los comentarios: “ahí va el millor pintor del món que le dicen”…

Cruzamos el pequeño e insignificante pueblecito de pescadores y bajamos a la playa… allí ante nuestros ojos apareció el colosal Cap de Ifach… monstruo de piedra de igual color que el de San Antonio, pero de 300 metros de altura…Esa mole está aislada y sólo le une a la tierra una pequeña cinta de tierra.

Peñón de Ifach hacia 1920 (Imagen: www.historiadecalp.net)

La esbeltez y la grandiosidad son inenarrables, hay que verlo, parece la base para colocar encima una estatua como la Victoria de Samotracia de cien metros de altura.

La mañana muy hermosa favorecía la excursión, visitamos el pueblo, pobrecito como te digo, vimos la iglesia humilde y alegre pues entraba el sol, pero allí tuve la sorpresa de encontrar una tabla muy buena con tres santos que a mí me parece valenciana y muy bien conservada.

Allí en casa del Alcalde almorzamos arròs a banda y muchos pescados, todo fue cosa del mar, más un pollo que debió escapársele a la cocinera.

Tomamos el tren a la 1 ½ y a las 4 en Alicante, algo cansado pero animoso; me he lavado las manos pues con este viaje el aseo anduvo muy remal.

He leído tus cartas, contento porque estáis buenos y sintiendo tengáis tanto frío, ya que yo nada de esto tengo, y no puedo dentro de esta carta mandaros el sol y la alegría de tanto que he visto.

De Carreras nada sé, no hubo más remedio que regresar a Madrid pues su cabeza andaba muy mal y los médicos aconsejaron su traslado a Madrid. Además su extremada debilidad le excitaba más cada vez. Acabo de telefonearle, pues nada sabemos, y en la tuya nada me dices aún, Dios querrá nada malo le pase. Yo quise que le acompañara Varela a Madrid pero su terquedad no me gustaba, y solo, pero recomendado, salió.

Esta es la nota desagradable de este viaje, en la que yo no tuve culpa ninguna: si él no fumara y no se hubiera atracado de dátiles nada habría pasado. Que lo vea Sandoval. Escríbeme.

Ya no escribo más, voy a salir un poco del casino y voy a tomar el aire, y al cine un rato.

Varela me acompaña estos días hasta mi regreso a Madrid, que ya no depende más que de el cuadro pueda arrollarse… Mañana iré a verlo. Yo calculo que la semana próxima nos daremos un abrazo.

Pienso ir a Orihuela y Alcoy, pero es cosa corta, pero de gran interés. En Alcoy tengo un condiscípulo, Cabrera a quien quiero mucho y es un buen pintor.

No te quejarás por noticias.

Besos a mis hijos y uno para ti de tu

Joaquín”

Fuente:

  • LORENTE, Víctor, PONS-SOROLLA, Blanca y MOYA, Marina (Ed.): Epistolarios de Joaquín Sorolla: II. Correspondencia con Clotilde García del Castillo. Editorial Anthropos. 2008, Carta 525, pp. 387-389.
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