Yo soy el pan de la vida (1897) 1ª parte: El encargo

Yo soy el pan de la vida. Joaquín Sorolla (1897). Colección privada Lladró

Dedicamos un espacio a esta obra que acaba de ser restaurada y está expuesta en la Fundación Bancaja de Valencia ya que resulta ser una pintura que fue encargada por Rafael Errázuriz en 1896, el mismo año que Joaquín Sorolla viaja a Jávea.

Recordemos que dentro de todos estos encargos que el diplomático chileno realizó a Sorolla, estaba la realización de un gran panel para su villa en donde se representara a Cristo predicando con sus discípulos. El encargo se estableció en Madrid y posiblemente en esa conversación íntima se indicaron algunas pautas de cómo quería Rafael Errázuriz que fuera bajo el asesoramiento de Joaquín Sorolla. Tras la vuelta de Errázuriz a Chile, se produjeron un cruce de cartas entre mecenas y artista sobre la evolución de la obra y algunos consejos.

No sabemos si Sorolla se puso de inmediato a realizar apuntes y bocetos para la composición, ya que en el Museo Sorolla se conservan algunos de ellos pero sin una fecha clara de cuándo se llevaron a cabo. Rafael Errázuriz, con la intención de ayudar al pintor le escribe el 3 de marzo de 1896 diciendo: Mi distinguido amigo hace días le envié unas vistas de Tiberiades, y nada encontré muy bonito en las colecciones de fotografía” (Museo Sorolla, CS1716). Quizás esas fotografías podrían inspirar a Sorolla para pintar su obra aunque no parece que le ayudaran especialmente.

Fotografía del Jordán a su salida por el lago Tiberiades. Ha. 1867-1897. Posiblemente es foto enviada por Rafael Errázuriz a Sorolla (Imagen: Museo Sorolla, nº inventario 83340)

Entre marzo y finales de mayo sabemos que Sorolla sufrió una pulmonía que le dejó impedido para realizar cualquier trabajo y poco después viajó a Valencia por recomendación médica.

Una vez mejorado, en octubre de 1896 es cuando viaja a Dénia y llega a Jávea con la idea de inspirarse para realizar las temáticas de los paneles vitivinícolas y encuentra un paisaje y una luz que le sorprenderá e inspirará para reflejarlo de alguna manera en este panel. Una vez que regresa a Madrid, Sorolla escribe a Errázuriz el 22 de octubre de 1896 comentándole que “El Cristo va adelantado espero finalizado en todo noviembre” (Museo Sorolla, CS0821).

El 17 de enero de 1897, de nuevo escribe Sorolla a Rafael Errázuriz adelantando cómo va el proceso de sus encargos y le comenta: “Los demás encargos muy bien, el cuadro de Nuestro Sr. en la barca va muy adelantado y creo, si tengo salud, que cuando V. reciba la mía esté terminándose” (Museo Sorolla, CS6683).

Hacienda de Panquehue en Valparaíso y palacio de Rafael Errázuriz en donde estuvieron las pinturas realizadas por Sorolla y el panel Yo soy el Pan de la Vida (Imagen: www.brugmannrestauradores.blogspot.com)

Al mes siguiente, el 10 de febrero de 1897, Errázuriz le contesta a Sorolla especificando dónde irá colocado el cuadro y algunos detalles de iluminación del espacio diciendo: “La colocación del gran cuadro del Salvador es muy sencilla. Ocupará toda la textera central de la escalera, cuyas murallas a ambos lados están pintadas con color claro, casi blanco. La luz viene por claraboya de arriba (…) Convendría que Ud. me envíe un dibujo de la cornisa que Ud. desearía para el gran cuadro para, si es posible, montarlo a satisfacción de Ud” (Museo Sorolla, CS1719).

El 20 de mayo de 1897 aún no ha recibido Errázuriz la gran tela religiosa ya que escribe a Sorolla agradeciéndole la llegada de los paneles vitivinícolas que había realizado y le comenta: “Después del éxito de su primer envío calculará Ud. el entusiasmo con que esperaré la gran tela religiosa que será el numen tutelar de mi casa” (Museo Sorolla, CS1721)

Casa Palacio de Valaparaiso (Santiago de Chile) con el panel Yo soy el Pan de la Vida colgado en la escalera principal (solo es perceptible la parte inferior bajo el arco de la derecha). Septiembre 1897 (Imagen: Museo Sorolla. http://www.ceres.mcu.es. Nº Inv: 83951)

Finalmente el cuadro quedó terminado y es enviado a Rafael Errázuriz. Una vez colocado, expuesto y presentado en sociedad, el 12 de septiembre de 1897 escribe a Joaquín Sorolla compartiéndole sus impresiones y cómo ha quedado tras añadirle unos cortinajes que enmarcaban la obra: “Mi distinguido amigo, hace días a que estaba por escribirle para darle noticias de la llegada de su gran cuadro y de la magnífica impresión que él ha producido (…) Ya hace unos días a que está colocado en la escalera y cuánto le degá a Ud. para penderar lo hermoso que todos los hemos encontrado y el efecto que hace es poco (…) El cuadro del Cristo está colocado sin cornisa alguna pues ocupa exactamente el tamaño de la testera. Para darle más realce e impedir los reflejos blancos de las murallas de los lados le he hecho poner cortinajes verde oscuro a cada lado y arriba una pequeña cenefa de tapicería del mismo color. La luz le viene de arriba, y para verlo bien de noche le he puesto luces de gas con reflectores. En fin, el cuadro hace un efecto magnífico y no nos cansamos de mirarlo y de admirarlo” (Museo Sorolla, CS1723).

Fuentes:

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